Menos piloto automático, más propósito: El desafío de "sentirse vivo" en el trabajo

En este Día del Trabajador, las cifras instalan una señal difícil de ignorar: en Chile, casi 3 de cada 4 trabajadores no se sienten realizados en su lugar de trabajo (Estudio Purpose Index, Almabrands, 2025).

Este dato adquiere una urgencia particular en la era de la Inteligencia Artificial y la automatización. Hoy, cuando la ejecución técnica puede delegarse a un algoritmo, el valor real se desplaza desde la ejecución del trabajo hacia el juicio crítico y la sensibilidad humana. Por eso, cobra más vigencia que nunca la invitación de Howard Thurman, filósofo y mentor de Martin Luther King Jr.:

“No preguntes qué es lo que el mundo necesita. Pregúntate qué es lo que te hace sentir vivo, y ve a hacerlo. Porque lo que el mundo necesita es gente que se haya sentido viva”.

Para Thurman, quien forjó su filosofía bajo la dura segregación racial en EE.UU.,  el mayor peligro social no era solo la injusticia, sino la “muerte en vida”: ese transitar por el mundo en piloto automático, con el propósito apagado.

Aunque nuestro contexto es distinto, el síntoma es similar. En Chile, gran parte de nuestra fuerza laboral opera bajo ese mismo piloto automático. No es solo un problema de bienestar individual; es una herida profunda en nuestra productividad y competitividad.

La brecha de realización en nuestro país es alarmante: mientras el 82% de los directivos y gerentes declara sentirse realizado, la cifra cae drásticamente al 25% en roles administrativos, técnicos u operarios (Purpose Index, 2025). Esta distancia se confirma en nuestro estudio Pulso de Confianza Organizacional (Almabrands, 2025), donde detectamos brechas de hasta 30 puntos en la confianza hacia la organización entre quienes tienen personas a cargo y quienes no.

¿Por qué ocurre esto? Una hipótesis es que, mientras los directivos y gerentes diseñan el futuro, administrativos, técnicos y operarios sienten que deben limitarse a ejecutar el sueño ajeno dentro de marcos rígidos. Esta mirada es miope y transaccional, pero perfectamente natural si consideramos nuestra historia laboral reciente de jerarquías y silos.

Para que un colaborador se apropie de su rol, debe poder “poner de su cosecha”. No se trata de saltarse el proceso, sino de permitirles imprimir su sello personal: se trata por ejemplo de la enfermera que, además de seguir el protocolo médico, usa su talento relacional para consolar a un niño asustado; o el trabajador que, por iniciativa propia, cuida el entorno o el local para que el cliente reciba una mejor experiencia. 

En una economía de servicios, la productividad real reside en ese “gesto adicional”: el administrativo que atiende una urgencia al cierre o el operario que cuida el cambio de turno para no detener la operación. 

Cerrar esta brecha requiere de un compromiso de ambos segmentos en la organización:

  1. Liderar con propósito: Directores y gerentes que dejen de ver el sello personal como un riesgo y empiecen a verlo como el motor de la excelencia. Cambiar esta mentalidad es el primer paso y fundamental. 

  2. Seguridad psicológica: Un entorno donde el trabajador se sienta seguro y motivado para salir del libreto técnico y aportar desde su humanidad.

  3. El empujón: Un empujón (o Nudge en inglés) que les abra la puerta a los trabajadores a mirar el trabajo de manera distinta, reflexionando sobre lo que los hace sentir orgullosos en el trabajo, y que permita profundizar en para qué hacen lo que hacen. 

Solo así transformaremos el mundo del trabajo, desde entenderlo como un intercambio de horas por sueldo para convertirse en lo que Thurman soñaba: un espacio para sentirse vivo, empoderado y, finalmente, realizado.

Escrito por Cristián Irarrázaval, Gerente de Cultura y Liderazgo Almabrands.

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La confianza dentro de la organización no se experimenta igual desde todos los roles