Encuentro USeC: el rol de las empresas en reconstruir confianza en un mundo fragmentado

En un contexto marcado por la fragmentación social, la polarización y la desconfianza hacia las instituciones, la conversación sobre confianza dejó de ser reputacional. Hoy es estructural.

En este escenario, Carolina Altschwager, socia fundadora de Almabrands, fue panelista del encuentro “Café con…” organizado por la Unión Social de Empresarios Cristianos (USeC), donde se abordó un desafío clave: qué rol deben jugar las organizaciones en la reconstrucción de vínculos sociales.

En el encuentro “Más allá de la isla, construir puentes en un mundo fragmentado” participaron también Renzo Corona, Socio Principal de PwC y Director de ICARE, y Carolina Palacios, Gerente General de Edelman Perú, quien anticipó algunos puntos del estudio Trust Barometer.

Como palabras introductorias, Enrique Cruz, Presidente de USeC, señaló que una empresa que dice poner la persona en el centro y al mismo tiempo, quiere ser altamente productiva, tiene que entrar a trabajar todas las dimensiones de sus trabajadores, incluida la dimensión espiritual. Y agregó que “cuando los trabajadores saben que hay una preocupación de los empresarios por crear espacios de diálogo, mejoran todos los indicadores”. 

Desde Almabrands, la mirada fue clara: las empresas no son solo actores económicos, son uno de los pocos espacios donde hoy convive la diversidad real.

Antes de llegar al mundo laboral, las personas suelen desarrollarse en entornos relativamente homogéneos en sus contextos sociales, educativos y culturales. Es en las organizaciones donde, muchas veces por primera vez, se encuentran con miradas, historias y formas de ver el mundo distintas.

Y eso no es menor.

“Las empresas tienen una oportunidad única de ser espacios de encuentro y construcción de capital social, porque no necesitan salir a buscar la diversidad: la tienen dentro”, planteó Carolina.

Pero esa oportunidad no es automática.

La confianza no se declara ni se impone. Se construye en el tiempo, a través de conversaciones reales, sostenidas y muchas veces incómodas. Sin atajos.

En un entorno donde predomina lo que Edelman denomina una “crisis de agravio” la sensación extendida de no ser considerados por el sistema, las organizaciones enfrentan un doble desafío: gestionar sus propias tensiones internas y, al mismo tiempo, contribuir a recomponer el tejido social.

“La insularidad frena el progreso y las empresas deben abordarlo. Si no se atiende, las diferencias sin gestionar frenarán la productividad en el trabajo, debilitarán el liderazgo de los CEO y crearán mayor resistencia a la innovación” (Carolina Palacios)

Esto implica hacerse cargo de algo que no siempre está en el radar estratégico: la calidad del diálogo.

Porque conversar no es persuadir ni negociar. Es estar dispuesto a escuchar, a exponerse a otras miradas y a construir desde la diferencia. Y esa es una capacidad que hoy, como sociedad, tenemos poco desarrollada.

Ahí es donde las organizaciones pueden marcar la diferencia.

No solo diseñando culturas más inclusivas, sino activando espacios reales de encuentro que permitan reconstruir confianza desde lo cotidiano.

En Almabrands trabajamos hace años entendiendo la confianza no como un intangible, sino como un sistema que se puede diagnosticar, gestionar y activar estratégicamente.

Porque en un mundo fragmentado, la ventaja competitiva no está solo en lo que haces, sino en la capacidad de generar vínculos que sostengan ese hacer en el tiempo.

La pregunta entonces es: ¿están nuestras organizaciones operando como islas… o como puentes?

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